Sabor a naranja, como tus manos

Momentos en lo que veo por la ventana de mi habitación, esa higuera que me acurruca por las madrugadas, ese jardín lleno de recuerdos de un pasado que extraño, de un pasado que no dejo ir.

Soy una eterna viajera de mis mundos, realidades concebidas para poder escapar de esta, de la mas cruel y estúpida, de este mundo en el cual debemos de tener mil cosas malas como buenas, en donde una sonrisa puede significar muchas cosas menos una sonrisa, he perdido cierta ingenuidad respecto a la vida, mi inocencia  basada en mis libros se ha desvanecido y solo me queda aceptar que  puedo ser tan cruel como ellos lo fueron conmigo.
Escojo un jugo de naranja para que  mi alergia no me deje sola, escojo un poco de limón para que esas cicatrices que aún abro me ardan y pueda decir que duelen cuando en realidad ya el dolor es parte de mis lagrimas y estas parte de lo que yo soy en conjunto.
Me tiro a la cama, comienzo a ver el techo y recuerdo ciertas palabras dichas por alguien a quien quise y quiero aun mucho, palabras que se quedaron y quedaran por siempre grabadas, y que aveces me recuerdan la razón de mi soledad, la razón de esta forma mía de esconderme tras miles de historias que nunca serán realidad, dejo que los gatos se trepen por mis piernas, dejen sus huellas en ellas y rasguen mi piel, dejo que muerdan la punta de mis dedos y que luego  con mucha alegría salten de un lugar a otro, dejo que me laman la cara y luego se acurruquen en mi cabello, escucho sus ronroneos y  quiero otro vaso de naranja para tener ese dulzor en mi boca y poder  sentirme bien.
Extraño tus manos, extraño la calidez, pero veo el árbol y te recuerdo, lo único que te faltaba era escribirme un cuento.